Carmen Grau, lectora, viajera, escritora y mamá independiente.

jueves, 13 de junio de 2013

Los médicos no lo saben todo

En Australia, si eres una mujer sana que jamás ha tenido ninguna complicación ginecológica, debes hacerte un pap cada dos años. Recuerdo que en España era anual. Vete a saber por qué esta diferencia. No será por una cuestión de salud, eso seguro.
Yo tuve a mis dos hijos muy seguidos. Durante sus primeros años las circunstancias de la vida me hicieron criarlos completamente sola, sin ningún tipo de ayuda. Cuando quise darme cuenta, habían pasado cuatro años sin que me hiciera la citología. Además, se había muerto Michael Jackson y habían pasado un montón de cosas más de las que no me enteré. Por fin un día conseguí que alguien me vigilara a los pequeños durante una hora y fui a ver a la ginecóloga.
Estaba un poco nerviosa ante la posibilidad de que me pegara la bronca —raro es el médico que resista la tentación de caer en el paternalismo— por haber tardado tanto tiempo en visitarla, pero es que en general, no soy aficionada a las visitas médicas. Aunque razones de agradecimiento hacia ellos no me faltan, por ejemplo, a raíz de la confusión, el miedo y la poca profesionalidad con que llevaron mi primer parto, el segundo decidí que sería totalmente natural, sin epidural ni drogas de ningún tipo, con la única ayuda de una comadrona.
No me metió la bronca. Lo que me metió fue un terror y ansiedad que me duró ¡dos días! (para mí eso es mucho). Repasando mi historial médico, comentó lo que llama la atención de todos los médicos: los casos de cáncer que hay en ambos lados de mi árbol genealógico. ¿Pero hoy en día en qué familia no los hay?
—Perteneces a un grupo de alto riesgo —me dijo sin ningún miramiento—. Todo apunta a que podría ser genético. Podrías hacerte una prueba para determinar si tienes el gen defectuoso, pero antes tendría que hacérsela tu madre. Si el resultado fuera positivo, te enviaría a un psicólogo. Las posibilidades de que no desarrolles el cáncer de mama u ovarios en caso de ser genético son casi nulas. Algunas mujeres optan por hacerse una mastectomía doble e histerectomía cuando aún están sanas…
—Un momento, un momento —la interrumpí—. ¿Me estás diciendo que yo no puedo hacer nada para prevenir el cáncer de mama u ovarios? ¿Comer bien, hacer ejercicio, ser positiva y optimista, cosechar buenas relaciones, trabajar en algo que de veras me apasiona, vivir en el campo, dar de mamar durante casi SIETE AÑOS…? ¿Todo lo que llevo haciendo durante años no va a servir para nada?
—Si es genético, no. No hay nada que tú puedas hacer.
Estaba claro que esta doctora no creía en la Epigenética.
Pero es que yo sí, y esa fue una de las razones por las que antes de tener hijos, investigué sobre la lactancia materna y descubrí que dar el pecho durante seis años reduce en dos terceras partes las posibilidades de desarrollar el cáncer de mama (y muchas otras enfermedades). ¡Qué mejor medida preventiva! No solo es gratis sino que además, los bebés estaban contentos y me ahorré miles de dólares en las medicinas infantiles y biberones que nunca compré.

Cuando salí de la consulta me flaqueaban las piernas. Me senté en el coche un rato sin encenderlo. Estaba tan aturdida que no podría haberme concentrado en la conducción del vehículo. Una hora antes había sido una mujer sana y joven —lo único halagüeño que me dijo la doctora fue que era demasiado joven para hacerme la prueba y tendríamos que esperar un par de años— y ahora me sentía como si me hubieran leído mi sentencia de muerte.
Al llegar a casa llamé a mi madre. Ella se había recuperado de un cáncer, o al menos eso creíamos entonces. Le hablé del gen maldito y le pedí que lo consultara con su oncóloga. Lo hizo, pero esa no le dio la importancia que le dio mi doctora, para no decir ninguna. A eso estábamos acostumbradas: mientras viví en Singapur, otro doctor me dijo que debería vacunarme contra el virus del papiloma humano; mi madre lo consultó con sus médicos de Barcelona y estos le dijeron que eso era una tontería, el virus está altamente extendido en la población y si ya has tenido relaciones sexuales seguro que lo has contraído en algún momento y luego tu sistema inmunológico se ha deshecho de él.
Al final, como en todo, hay más opiniones e intereses ocultos y gente dando palos de ciego en busca de la verdad, que la certeza absoluta. Pero aparte de eso, el cáncer es un negocio que mueve millones, y es muy rentable. Por supuesto que hay gente investigando continuamente y tratando de encontrar curas y causas. Pero también hay muchos productos cancerígenos que la sociedad materialista en la que vivimos nos empuja a consumir desmesuradamente. Uno de ellos es el azúcar, que se encuentra en casi todos los productos alimenticios procesados, y es puro veneno; no solo conduce a la obesidad, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, y problemas dentales entre otros, sino también a muchos tipos de cáncer. Es tan malo como el alcohol o el tabaco. Y luego está la industria farmacéutica, otra de las causantes principales de que el cáncer se haya convertido en la plaga del siglo XXI.

Yo pertenezco a una generación en la que nos enseñaron que el dolor se quita rápidamente con una pastilla. Cuando era pequeña eran las aspirinas infantiles de color rosa las que nos daban al menor síntoma de malestar. Mis hermanos y yo nos las tomábamos con mucho gusto, claro, tenían un sabor muy apetecible para el paladar de los más pequeños. Su color rosa, además, era muy atractivo y es el preferido de todos los niños y niñas porque tiene efectos calmantes. Incluso a veces hacíamos cuento, sin malicia, hasta nosotros mismos nos llegábamos a creer que estábamos pachuchos, «pero una aspirinita rosa me hará sentir mejor, mami».
Muchos años más tarde, cuando mi querida sobrina Mar tendría unos seis o siete años (ahora tiene diez y medio), la vi representar con mi madre esa escena que yo había protagonizado tantas veces de niña.
—No me encuentro muy bien, Yaya. Me duele la cabeza y la garganta. Creo que me estoy poniendo mala, necesito un poco de Dalsy.
Cuando se quedaba a dormir en casa de sus abuelos y sobre todo siendo muy pequeña, siempre llevaba en la bolsa el socorrido Dalsy, que yo conocía gracias a mis amigas españolas también con hijos pequeños. Se ve que ahora es lo que está de moda. Pero ese día no se había traído la bolsa y mi madre le dijo:
—Pero yo no tengo Dalsy… A ver —le tocó la frente—, no tienes fiebre.
Mar insistió en que no estaba bien y se alarmó: si no había Dalsy en la casa, ¿cómo iba a curarse? Pero enseguida se animó.
—No pasa nada. Puedo tomar el Dalsy de Dave y Alex.
Se quedó boquiabierta cuando le dije que Dave y Alex no han tomado nunca Dalsy ni nada parecido, que de hecho habíamos venido desde Australia sin botiquín.

Mis hijos tienen ahora cinco y siete años y no han tomado nunca paracetamol o ibuprofeno, ni ningún otro derivado. Dave tuvo anginas cuando tenía un año y vivíamos en Malasia. En un momento de flaqueza hice caso a un médico, que le recetó antibióticos que no necesitaba y le provocaron una reacción alérgica a varios compuestos del fármaco. Todavía no sé si Alex es también alérgico a la penicilina y sus derivados, como lo es su padre, porque Alex no ha tomado nunca nada. Los dos han vomitado o tenido fiebre alguna vez, pero en vez de correr a tapar los síntomas, yo he preferido siempre dar una oportunidad a su cuerpo para defenderse y fortalecer así su sistema inmunológico. Como los dos tomaron el pecho durante años, siempre he tenido la confianza de saber que sus defensas son fuertes. Solo una vez estuve tentada de recurrir a las medicinas cuando Dave alcanzó durante un par de horas los 40º de fiebre. A ellos mismos les explico que esa temperatura es la reacción de su cuerpo para combatir a las bacterias que les han provocado una infeccción. El calor las matará, pero si eliminamos ese calor con medicinas, les estamos quitando a nuestros hijos la oportunidad de crecer sanos y fuertes. Como siempre lo he hecho así, en las contadas ocasiones en que se han sentido indispuestos (la más reciente hace solo tres semanas, en Indonesia), ellos se tumban, duermen, y a las pocas horas se levantan como si nada.
Yo también tengo el sistema inmunológico fuerte. Odio ponerme enferma, así que llevo años sin hacerlo. Me alimento bien, no consumo fármacos y limito al mínimo el contacto con productos químicos cotidianos como los detergentes, champús, perfumes y cosméticos varios. Hace unos años me hice un análisis de sangre para averiguar a qué alimentos era intolerante. Los principales fueron la leche y la harina de trigo. Dejé de tomarlos y desde entonces no he vuelto a sufrir un catarro o nada parecido. Las únicas visitas que hago a los profesionales de la salud son la periódica a la ginecóloga, y al dentista. No tengo ni he tenido jamás grandes problemas dentales, pero a los niños siempre los he llevado a ver al amigo Ben, como lo llamamos. Y ya que le visita a ellos, desde hace un par de años yo también me dejo hacer. Antes de empezar a verle no tenía ninguna queja, pero ahora él insiste en que las muelas del juicio me van a causar muchas molestias.
—Hay una que te está creciendo de lado. Esa te va a provocar un dolor insoportable. Voy a recetarte unos antibióticos para el viaje, porque cuando viajas es cuando tus defensas están más bajas y en esos países a los que vas, vete a saber lo difícil que puede ser curar un dolor de muelas.
Esas palabras exactas me dijo otro dentista en España hace catorce años. Todavía tengo el juicio creciéndome de lado y las dos recetas que nunca usé.

Los niños llevan cuatro años (desde que eran bebés) sin padecer siquiera un resfriado. Esto es algo que ha notado mucha gente, que me pregunta alarmada:
—¿Cómo es que tus niños no se ponen enfermos?
No es porque no vayan al colegio, como algunos tienen la tentación de argumentar. Al contrario, siempre que una amiga me advierte de que sus hijos están pasando alguna enfermedad que podría ser contagiosa, le respondo que eso a nosotros no nos preocupa y no es razón para que dejemos de relacionarnos durante unos días.
Con todo esto, no quiero dar la impresión de que desestimo la opinión de todos los médicos. La verdad es que tengo muy poco contacto con ellos, pero cuando ha sido realmente necesario acudir en su ayuda, lo he hecho. Como la vez que Alex, con solo un añito, se quemó las manos. Pasé con él una de las peores noches de mi vida, en un hospital de niños rodeada de criaturas que maldormían, lloraban, gemían de dolor y llamaban a sus mamás. Alex estuvo inconsciente durante veinticuatro horas.
—Tendría que haberse despertado hace horas —me dijeron los médicos, perplejos—. La morfina es una droga muy segura, le hemos dado la dosis adecuada para su edad y constitución, pero parece que fue excesiva. Es la primera vez que pasa.
—Es que es la primera vez que se droga —dije entre lágrimas—, nunca antes había tomado absolutamente nada medicinal aparte de mi leche.

Más que a los médicos, le tengo declarada la guerra a la industria farmacéutica. Nos hemos convertido en una sociedad que consume fármacos cuando en la gran mayoría de los casos no solo no son necesarios sino que a la larga son muy perjudiciales para la salud. Sí, creo que a lo largo de una vida, los miles de pastillas que una persona llega a consumir para paliar el dolor y tapar los síntomas contribuyen a la proliferación de cánceres. Y no voy a entrar hoy en el tema de los tranquilizantes, antidepresivos, antiansiolíticos y demás drogas legales que consumen a diario una gran parte de la gente que conozco, porque para eso tengo pensado otro artículo, que se titulará Un mundo feliz. No me parece casualidad que los diez países con más casos de cáncer del mundo sean también los más ricos, entre ellos Dinamarca (el primero), Australia (el tercero), Nueva Zelanda, Noruega, Francia, Estados Unidos y Canadá (España está en el puesto 31 y los casos son mucho más numerosos en los hombres que en las mujeres—los datos los he sacado del World Cancer Research Fund). Dicen los expertos que esto se debe a que en los países más ricos hay más investigación y es más fácil llevar un control de los casos de cáncer, pero además, en estos países también hay más obesidad y consumo de alcohol. Y yo añado que la gente que tiene más dinero también gasta más en medicamentos.

Después de esa visita a la ginecóloga hace tres o cuatro años, pasé unos días de incertidumbre. Hablé con mi madre y con una amiga que se había hecho una prueba genética similar y que me dijo: «Antes de tomar la decisión de ir por ese camino, tienes que planear ya todo el recorrido. Si te haces el análisis, sale positivo y te quedas ahí, no solo te habrás gastado un montón de dinero sino que a partir de entonces tu miedo alimentará al gen maligno y tendrás más posibilidades de contraer el cáncer». Opté por no querer saber y seguir viviendo la vida de la manera sencilla y natural que me hace sentir bien ahora y además contribuye a fortalecer mi sistema inmunológico para no dejar que los cánceres potenciales que llevamos todos dentro me ataquen. Es más, cambié de doctora, y la siguiente jamás me ha vuelto a mencionar la prueba.

Mi madre acaba de terminar otra fase de quimioterapia. Hasta que Angelina Jolie no dio a conocer su caso, su oncóloga no le mencionó nada del gen. Ahora sí lo han hablado, claro, y la oncóloga coincide con mi ginecóloga de hace años en que pertenecemos al grupo de alto riesgo. Así que por el bien de mi hermana y el mío, mi madre ha decidido hacerse el análisis. Tenemos la fe ciega de que saldrá negativo, pues solo un 1% de los cánceres de mama y ovarios son genéticos. Sigo aferrándome a la certidumbre de que el entorno, los hábitos y la disposición mental de cada una tienen mucho más que decir. Pero en el caso de que mi madre fuera portadora del gen y también lo fuéramos mi hermana y yo, la oncóloga de mi madre le ha asegurado que existe medicina preventiva y no es necesario tomar la misma drástica decisión que la famosa actriz. Le pregunté qué tipo de medicina, porque, como quizás habréis ya adivinado, yo antes me gasto el dinero en una mastectomía doble que en un pastillero, pero hasta allí no habían llegado en sus conversaciones. Seguiré informando... Mientras tanto, si alguien se encuentra en una situación similar, me interesará saber vuestra opinión. Gracias.

22 comentarios:

  1. Carmen. Espero que tus genes no sean "malos". Me ha gustado mucho la entreda y he puesto un recorte en un nuevo blog que he empezado de "e-clipping".
    http://onlineclippling.blogspot.com/2013/06/la-guerra-la-industria-farmaceutica-de.html

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  2. Es curioso, Carmen, que pese a todo lo que nos cuentas y tu "rechazo" a todo lo que huela a medicina o a médicos, tu preocupación a la hora de exponerlo aquí, me hace pensar que vives "algo" obsesionada en que hay un "plan" mundial por hacernos a todos "drogodependientes" a nivel farmacéutico. Creo sinceramente que a todo hay que darle la verdadera importancia que tiene y créeme que, ya les gustaría a médicos sin frontera tener poder suficiente (o medios adecuados) para hacerles llegar al tercer (y cuarto) mundo, todas esas medicinas que tu dices no tener necesidad de usar (de lo cual me alegro por supuesto que sí). Pero tantas muertes inocentes en esos mundos perdidos de Dios por falta de alimentos y de medicación adecuada y necesaria, me tiene altamente preocupado. Sin embargo y con todo eso, creo que tu artículo tiene muchas partes reales y objetivamente importantes; existe todo un negocio a nivel mundial en la industria farmacéutica. (Lógicamente consentida, por todos los gobiernos del mundo). Un abrazo. Ojala, y espero y deseo de corazón, que eso que tanto temes no se desarrolle jamás.

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    1. Frank, si lees el artículo con detenimiento (entiendo que no suele hacerse con los blogs y más si son largos) te darás cuenta de que no rechazo todo lo que huela a medicina o a médicos. Cuando los necesito de verdad, acudo a ellos. Lo que he querido exponer aquí, principalmente, es que en el primer mundo se abusa de los medicamentos, igual que de la comida. Y eso es perjudicial para la salud. Estamos de acuerdo en que es un negocio. Ojalá se consumieran menos fármacos y alimentos en los países ricos y se destinaran, en cambio, al tercer mundo, donde sí que escasean y son necesarios. En cuanto a mí, no temas: no estoy preocupada en absoluto, todo lo contrario.

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  3. No puedo estar más de acuerdo con este artículo.
    Para empezar, el cáncer NO es genético. La predisposición a padecerlo sí, pero de ahí a padecerlo hay un mundo. Es por éste motivo por el que miles de personas lo padecen sin tener esa predisposición genética y otras tantas mueren (porque somos mortales) sin manifestar esa enfermedad. La influencia a factores que puedan provocar la enfermedad es lo que marca la diferencia.
    Los médicos al igual que el resto de los mortales son personas, y como tales manifiestan sus miedos frente a los pacientes. Por eso hay médicos que le quitan importancia(supongo que porque viven el día y día que es de lo que se trata) y los que sólo se preocupan del futuro (una absurdidad porque hay muchos factores inciertos y el futuro lo fabricamos hoy).
    Lo que quería decir es: si vives plenamente, eres feliz, estás a gusto con lo que eres, con quien eres y con lo que haces. De verdad te vas a preocupar por lo que pueda venir? Es como el que vive porque le va a tocar la lotería.
    Actuar pensando que somos inmortales es una programación de la sociedad del primer mundo y es una programación mediática errónea que debemos rechazar. En el artículo mencionas a Michael Jackson, desde luego no murió de cáncer (pero sí medicado).
    Como estamos programados para ser inmortales pues las pastillitas rosas son la solución. NO.
    ¿Son necesarios los medicamentos? Sí, potencian carencias químicas de nuestro organismo y nos permiten vivir más tranquilos. ¿Los utilizamos correctamente? En absoluto, es lo que comentas, abusamos de ellos como si fueran caramelos, el miedo a morir nos puede y no disfrutamos del momento, tomamos pastillas. Ésto la industria farmacéutica la sabe y lo aprovecha en beneficios económicos, por eso tantos tipos de ibuprofenos, aspirinas, etc... Se invierte más en prótesis estéticas que en medicamentos para erradicar enfermedades, ¿Por qué?
    Ups! Perdona por acaparar.
    Sólo te diré que mi abuelo cuando falleció, tenía cancer. Nunca se trató porque cuando se diagnosticó los médicos desaconsejaron su tratamiento. No murió de esa enfermedad y nunca manifestó ninguna debilidad de ésta.
    Vive, disfruta y sonrie, que eso es lo que te llevas. Nunca sabemos cuando nos toca irnos porque para ese viaje no hay que hacer reserva.

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  4. La verdad Carmen, es que no me preocupa demasiado que la genética pueda hacerme algún regalo, y no porque no tenga motivos (uno de mis hermanos murió de cáncer). Por la familia hay algún caso más, pero siempre he pensado, lo mismo que con la lotería, que a mí no me va a tocar. Visito lo justo a los profesionales de la medicina y sí uso paracetamol cuando tengo catarro. De momento no tengo queja de los tratamientos que mantienen mi tensión arterial a raya, porque sin ellos estaría tan alta como el paro. Dicho esto, lo mejor en esta vida es no obsesionarse, al menos no con las cosas que pueden hacerte daño.

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  5. Yo no sé si tengo o no el gen malo pero lo que si sé es que hay que controlar la citología periodicamente. Cada año? cada dos años? Mientras se realice, junto con las consabidas mamografías, le quitamos potencial dañino al gen malo ya que se detectaria, en caso de aparecer, rápidamente. La industria farmacéutica tine sus tácticas de promocionar productos, y los médicos intentamos tener sentido común

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  6. Estupendo artículo, Carmen Grau.
    Acaban de prestarme el famoso libro de "la enzima prodigiosa", no se si lo conoces. El doctor Hiromi Shinya, el más prestigioso cirujano de colón, afirma: "tu cuerpo está diseñado para curarse a sí mismo". En la portada dice: "Una forma de vida sin enfermar" Intentaré leer con la mente bien abierta y sin caer en mi típica manía agnóstica de cuestionar casi todo.
    Cuando escribas próximamente opiniones sobre "medicina alternativa" o la "homeopatía", por poner un caso... me encantará leerte de nuevo.

    Un abrazo!

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    1. No tenía pensado escribir sobre medicina alternativa u homeopatía, Sylvia. Tampoco hago uso de ellas. Creo más en la buena alimentación, el ejercicio, el optimismo y las buenas relaciones. Gracias por tu aportación. Un abrazo.

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  7. Pues yo no trabajo en medicina humana sino en medicina veterinaria, y bien nos explicaron que aunque uno tenga un gen para determinada enfermedad, siempre va a haber un porcentaje de casos en que la enfermedad NO se va a manifestar. Y no cuestiono los estudios de epigenética. Tampoco cuestiono la efectividad de los fármacos porque trabajo con ellos, pero en lo que a mí respecta, siempre que el cuerpo (humano o animal) pueda curarse solo, hay que dejarlo que se cure solo. Sin embargo, me veo obligada a hacer tres correcciones: 1) La leche materna aporta anticuerpos pasivos durante unos pocos meses, no durante toda la niñez. Después de eso, la inmunidad activa se adquiere mediante las vacunas y el contacto con los microbios en dosis que no enferman (por eso no voy yo con esta manía actual de desinfectar la casa como si fuera un quirófano; eso crea legiones de niños con alergias y enfermedades autoinmunes). 2) Los países con más cáncer a menudo lo son simplemente porque la expectativa de vida es más larga, y cuanto más vive una persona, también aumentan los errores en la replicación celular. (Por eso es que también aumentan las tasas de cáncer en mascotas, porque viven más años que en la naturaleza.) Por cierto, durante un tiempo mi país (Uruguay) estuvo al tope de los países con más cáncer, pero eso era por el tabaquismo y por un consumo excesivo de carne asada (el humo llena la carne de sustancias cancerígenas), no por los medicamentos (la verdad, no creo en teorías conspiranoicas sobre las farmacéuticas que le causan cáncer a la gente; como ya dije, los animales tienen los mismos tipos de cáncer que las personas, sin medicamentos de por medio, y las investigaciones médicas están apuntando a tratamientos más localizados y sin quimioterapia). 3) La fiebre ayuda al organismo a destruir microorganismos, pero si es demasiado alta (42 grados) puede causar la muerte, por eso hay que controlarla. Aunque no hace falta usar medicamentos para ello; los médicos también recomiendan refrescar el cuerpo con agua fría.
    En fin, en lo que a mí concierne, paso las gripes sin medicamentos de ninguna clase, salvo quizás alguna aspirina si la inflamación de la garganta no me permite tragar. Y me enfermo mucho menos desde que hago ejercicio a la intemperie.

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    1. Yo tampoco creo en leyes conspiratorias y no he apuntado hacia eso en absoluto. Hablo de negocio, dinero. Que de paso, es perjudicial para la salud, porque el abuso que se hace de los medicamentos debilita el sistema inmunológico y facilita la proliferación de cánceres y otras enfermedades. Tampoco digo que la leche materna garantice inmunidad durante toda la niñez. De hecho, he querido recalcar que dar de mamar durante años es muy saludable para la madre, porque reduce en gran medida las probabilidades de desarrollar cáncer de mama y osteoporosis entre otras enfermedades. Y por supuesto que hay que controlar la fiebre. Durante las dos horas que uno de mis hijos alcanzó los 40º, le quité toda la ropa y le cubrí la cabeza con paños de agua helada. En cambio, me canso de ver a padres y madres que corren a por las medicinas cuando el niño pasa de 37,5º. Para acabar, el país con la mayor esperanza de vida es Japón (yo opino que es por la alimentación principalmente), que en el ranking de países con más casos de cáncer se encuentra en el puesto 51. Los demás países tampoco coinciden.

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  8. Yo no se si tengo el gen maldito, lo que tuve... y me reviso trimestralmente para ver si esta o se ha ido, es un cáncer de útero, y me vaciaron por completo, además tengo varias enfermedades auto inmunes... de esas que solo tienen nombre del joputa que las invento... y me encanta estar drogada, no quiero el dolor ni físico ni espiritual, soy de natural alegre y no quiero que eso cambie... y si para conseguirlo tengo que estar empastilla... pos mejor eso que sufrir para superarme...No obstante te felicito por tu buena salud y la de tu prole, el miedo no es una enfermedad, o al menos no es una que yo padezca.

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    1. Y yo te felicito a ti por tu buena onda, Lury. Yo no me empastillo por la misma razón que tú sí lo haces. Las drogas me desconcentran y me hacen sufrir efectos secundarios mucho peores que el dolor que me quitaron momentáneamente (como en mi primer parto). Y tampoco padezco la enfermedad del miedo.

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  9. Mi apoyo siempre a los médicos. Ante todo porque son humanos y porque los criterios van cambiando y no se debe ver con malos ojos que primero te recomienden una cosa y después otra. En el caso del cancer mi sincera opinión es que todas las terapias y soluciones hipotéticas están en experimentación. Nadie te puede decir seguro, si haces esto te has librado, con tal terapia se cura, o no volverá a salir. Si hay un porcentaje de posibilidades de ayudarte viéndolo desde el punto de vista genético, demos las gracias si nos lo mencionaron. Sintámonos afortunados por las posibiilidades que tenemos en los países desarrollados de no morir como bestias agonizando de dolor como ocurre en los países donde no se pueden permitir la medicación adecuada.

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  10. Que me perdonen los animalitos del ecosistema por haber usado la palabra "bestias". Ningún médico se cree que lo sabe todo, y pensar eso sería absurdo, pero por lo menos se dedican a ello y han visto más casos que tú y que yo.

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  11. Gracias Carmen por dejarme opinar sin censura. Suerte y un beso.

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  12. No tengo nada en contra de los fármacos, no creo que eso sea lo que nos vaya a matar. Al contrario, si hoy en día somos más longevos es gracias a ellos. No conozco a nadie adicto a los medicamentos, ni recuerdo haber tomado de pequeña una pastilla rosa. Mi hijo jamás toma medicinas a menos que se las recete un médico y no dudaré en darle un antitérmico si su temperatura llega a los 40º. Creo que las cosas hay que tomárselas con naturalidad, sin caer en la obsesión. Tengo una amiga que no vacuna a sus dos hijas ni les da un antitérmico cuando tienen fiebre. Yo le dije una vez que sus hijas se pueden permitir el lujo de no estar vacunadas porque el resto de población sí lo estamos. Si nadie se pusiera una vacuna volveríamos a la época de las epidemias, y eso nadie lo quiere, ¿verdad? Las niñas de mi amiga tomaron pecho hasta los seis años y, aún así, una de ellas enferma de bronquitis cada año. Su madre la tiene que ver muy mal para llevarla al médico. No estoy de acuerdo en absoluto. La mayoría de los niños que conozco pasan sus pequeños virus sin medicamentos: un par de días con un poco de fiebre y ¡listos! Es el camino para formar su propio sistema inmunológico. Pero si la fiebre sube demasiado y hay riesgo de convulsiones o algo peor...
    Más que de los fármacos, deberíamos preocuparnos del aire que respiramos o de los pesticidas que usan en los alimentos, así como prohibir la publicidad en la tele de cientos de productos destinados a los niños que los convierten en obesos a los ocho años.
    Respecto al tema principal de esta entrada, seguro, Carmen, que todo va a salir bien, salga como salga la prueba. Al menos ya estás alerta y lo peor en estos casos es el desconocimiento.
    Mi madre padeció cáncer hace 18 años, la quimioterapia que recibió... eso sí que fue puro veneno, incluso los médicos le decían que no sabían cómo estaba en pie. Nunca conocí a una persona más alegre, vitalista y sana que ella, y le tocó. A los diez años le dieron el alta, pero la incertidumbre nunca desaparece del todo.
    Te deseo lo mejor, guapa. Un beso.

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    1. Mayte, estoy de acuerdo contigo: lo que hacen con los alimentos es demencial, cada vez salen más porquerías y lo peor es que algunas las venden como productos saludables. Mis hijos sí que están vacunados, pero considero que algunas vacunas no son necesarias tan temprano. Además, muchas no deberían dárselas. Yo me negué a vacunarlos contra la gripe cuando en Australia hace un par de años, se animó a todos los padres a que lo hicieran. Luego se demostró que fue un gran error, hubo un escándalo... Ahora también los vacunan contra la varicela. No entiendo por qué; cuando yo era pequeña la pasábamos y ya está. Yo sí que conozco a muchos padres y madres que a la más mínima medican a los niños y creo que cada vez se hace más. Gracias por tu aportación, guapa. Un abrazo.

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  13. Te doy toda la razón en la obsesión que las madres y padres tienen en medicar a los niños, a mi me parece una locura. En una ocasión mi niña pequeña se cayó y se dió un golpe en la rodilla, nada importante una caída normal, y ante mi asombro una persona que estaba cerca me recomendó darle una cuchara de Dalsy para el dolor, me escandalicé, sólo por una caída. Es como si no se pudiese tolerar ni el más mínimo dolor, ese tipo de actitudes me da miedo.
    Pienso que tienes la ideas muy claras y que pase lo que pase usarás lo que llevas usando tantos años, el sentido común, que a mucha gente le falta. Un besote, muy buena entrada

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    1. Muchas gracias, Alicia. Cuando se caen lo mejor para el dolor es preguntarles si están bien.

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  14. tengo 25 años y en mi vida habré tomado mediación menos de 10 veces sin exagerar recuerdo que la enfermedad mas grabe que tuve fue una bronquitis a los 16 y creo que se devio a que pase de una temperatura de -5° a 40 en menos de 48 hora.... y nada mas claro me pesco las enfermedades estacionarias como todos y le quiero decir que en caso de una gripe el parecetamol voy a medico para que me de certificado para el trabajo y después en mi casa tomo bastante agua como cítricos me hago gárgaras con bicarbonato y a los 4 0 5 días me encuentro bn mentras que a mi madre le dan penicilina o su deruvados y esta 1 semana o 2 dos a lo que voy la ciencia avanzo mucho pero aun no puede con la naturaleza por eso el cancer como tambien infinidad de enfermedades potencialmente mortales y aveces hasta incurables como el hungtinton, a lo que voy el estilo de vida artificial que tenemos no hace creer que una pastillita se soluciona todo y la verdad lo que ahi que hacer es cuidar mas de nuestros cuerpos si tenes algún dolor de cabeza catarro es 95 % de que tu cuerpo lo va a solucionar el solito ya saves coman bn hagan deporte si llegan estresados de la escuela o el trabajo hagan lo que su servidor busquen una forma de descargar (en mi caso una bolsa de box) es mucho mas relajate y tranquilizante que un fármaco

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  15. Gracias por tu opinión. Estamos totalmente de acuerdo.

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  16. Interesante post, Carmen. Estoy de acuerdo en que el cuerpo sabe curarse a sí mismo, aunque en algunos casos necesita alguna ayuda. Un ejemplo: Cuando uno se corta la mano con un cuchillo al efectuar algún trabajo en la cocina, simplemente uno se lava la herida y se pone alcohol y un curita (adhesivo) Luego de dos días ya se ha formado una costra, al tercer día la costa se desprende y ha aparecido una nueva piel que va tomando el color y la consistencia normal del resto de nuestra piel. ¿Acaso lo mismo no ocurre en el interior de nuestro organismo, en el que el ambiente es estéril (aséptico)?
    Soy una persona saludable, no me he resfriado en por lo menos veinte años. La única vez que caí enferma con neumonía fue hace dos años porque tenía las defensas muy bajas, estuve casi un año sin alimentarme bien, ni dormir apenas, porque la enfermedad de mi esposo, cuando él falleció enfermé por primera vez en tantos años. Creo que las enfermedades tienen mucho que ver con nuestras emociones y forma de enfrentar la vida. "Cuerpo sano en mente sana".

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