Carmen Grau, lectora, viajera, escritora y mamá independiente.

domingo, 8 de abril de 2018

PayTime -- Un relato

Sería iluso asegurar que una vez eliminado el dinero se resolvieron todos los problemas de la humanidad, pero es indiscutible que la iniciativa, ideada por un niño de diez años, contribuyó a la mejoría de vida de todos los habitantes del planeta. En el año 2152 ya solo una docena de territorios seguían anclados a la vieja economía del dinero, los pertenecientes a los antiguos países de Arabia Saudita, Canadá, Irán, Iraq, Rusia y algún otro que se me olvida.
De esto les hablaba el otro día a mis alumnos. Veréis, mi trabajo es de historiadora. Bueno, uno de mis trabajos, pues tengo varias ocupaciones, como todo el mundo. Supongo que entonces debería corregir lo del «se me olvida». Pues luego lo haré. Total, esta es solo una primera grabación. Siento la necesidad de documentar la historia para los detractores que pretenden volver al pasado, negando una vez más que la humanidad evoluciona, a pesar de los contratiempos. Lo conseguimos poco a poco, cuando entendimos que los niños también son personas, y dejamos de encarcelarlos.
Ese día trabajé solo tres horas. Por la tarde saqué a los perros a pasear; es otro de mis oficios. Al final tenía la garganta seca de tanto hablar, aunque mis alumnos contribuyeron a la charla con sus propias ideas y preguntas, como de costumbre. «Cuestionadlo todo, esa es la clave», les digo siempre, «así es como se hacía en la Antigua Grecia». Al final de ese tiempo establecido comprobé mi cuenta de PayTime: había ganado tres horas de chino, una hora de jardinería y dos horas de comida casera.
Lin Yu me da clases de chino junto a otras tres personas más, así que el tiempo que invierto en él y el que recibo de él es el mismo. El cálculo es fácil, aunque si fuera más complicado no habría problema: el sistema de PayTime lo calcula solo; hace ya muchísimos años que los humanos nos despreocupamos de cuestiones tan mundanas y mecánicas como las matemáticas para centrarnos en las emociones, algo que las máquinas no conseguirán dominar jamás.
Gerardo, en cambio, me dedica la totalidad de su tiempo en exclusiva; por tanto, me debe menos horas de las que yo le proporciono y que debe compartir con los otros tres. En el programa de PayTime introduzco el horario más conveniente para mí y él lo acepta o propone otro. Ayer llovió, así que cambié la hora para mañana. Estoy pendiente de que la acepte y venga a cortarme el césped, hablar a las rosas, comprobar los surtidores, poner abono en mi huerto.
Lo que más agradezco es la comida casera. No me gusta cocinar. Sandra y Lila, que son pareja e inseparables, vienen a casa o me la traen ya preparada.
Me considero afortunada, pues mi profesión, como tantas otras, es a simple vista superflua, y aun así tengo clientes. Después de todo, nuestra historia está al alcance de cualquiera en la red, como todo conocimiento. Hace cincuenta años que la educación es gratuita para todo el mundo y desaparecieron los colegios y las universidades. Ese fue el primer campo donde se eliminó la necesidad de negociar con dinero. Pero tengo una buena reputación, gracias a mi insistencia en cuestionarlo todo, y buena memoria, que es indispensable para la Historia.